7.3.14

Ida


















de Damián Huergo.
(Parque Moebius, 2012)


Damián Huergo (Longchamps, 1983) es escritor, periodista, sociólogo y docente. Publicó ficción y crítica cultural en las revistas LaMujerdemiVida, Sudestada, Miradas al Sur, Radar, Ñ, Diez Pinos, Ahí va el agua (México), Fábula (España) y La Tecla EÑE. En la actualidad escribe para el suplemento Radar Libros del diario Página/12. Ida es su primer libro. Dice Ricardo Piglia: "Lo que uno sabe de un escritor, influye sobre su lectura. El primer libro, en ese sentido, siempre es un acontecimiento, porque uno va a descubrir una intriga". La intriga que nos proponen los quince cuentos de Ida está dada en el ámbito del vínculo: ¿cómo se conecta el que está en la periferia con el centro?

El centro atrae. Se peregrina hacia el centro en busca de un progreso, de un ascenso económico, social o espiritual. En la práctica cotidiana esta peregrinación se puede manifestar mediante dos artefactos: el tren y el libro. Con el tren se realiza el desplazamiento territorial, que permite acercarse físicamente al centro, invadirlo, a un bajo costo –en términos económicos del boleto solamente, a lo largo de los relatos vemos que son otros los costos (y los beneficios) que trae usar este medio de transporte-. El libro realiza ese movimiento en el intelecto, uno se deja invadir por los pensamientos e ideas. No es algo nuevo, lo sabía la Generación del 80, que en su gesto de europeizar Argentina al mismo tiempo que exterminaron aborígenes importaron maestras y ferrocarriles. Los personajes de los cuentos de Ida saben que se mueven en el reflejo negativo de ese plan iluminista, saben que ni el transporte, ni la educación aseguran que uno logre realmente esa transmutación.

¿Cómo se llega al centro, entonces? Los personajes de Huergo no lo saben. Sin embargo deambulan en entornos problemáticos persuadidos de que hay un destino al que llegar: la ausencia de una meta precisa deja lugar a la fe. Los personajes son confiados, sus peripecias surgen en esa zona de fricción donde la creencia se pone en duda. La narración está construida desde el humor; con esto no sugiero que sus relatos tengan una intención propedéutica. “Lo que más admiro en los demás es la ironía, la capacidad de verse desde lejos y no tomarse en serio”, decía Borges. Porque no se toman en serio pueden permitirse ser Harry Potter, Papá Noel, asumir la identidad de un compañero de trabajo ante una inspección de la AFIP, o simular ser un acosador en un viaje de tren.

Quien construye la historia de un buscavida corre el riesgo de caer en el golpe bajo de tratar al personaje desde un lugar de superioridad, con indulgencia, o de querer montarlo bajo el halo de un héroe outsider. Huergo lo sabe, y evita esos lugares comunes. Sus textos seducen porque uno se reconoce en ellos. Va un ejemplo. En El olor de los tilos el personaje enciende el televisor mientras espera: “Están dando Estudiantes-Vélez. No soy de ninguno de los dos clubes. Ni siquiera están peleando la punta o el descenso. Pero es el único de los cinco canales que no marca la hora”. (…) “Goooool, escucho desde la pieza el agónico grito del relator. Corro hasta el comedor -tres metros- como si estuviese jugando la selección. Siempre me pasa lo mismo. Escucho gol y es como si oyera la sirena de los bomberos y tuviera que salir para presentarme en el cuartel. El cuartel es la televisión. El gol lo hizo “el lechuga” Maggiolo para Estudiantes de La Plata. El gol fue horrible como su apodo. De rebote. En la tele lo repiten como si fuese el de Maradona a los ingleses. Miro por la ventana del noveno piso y la noche sigue inmóvil. Ni cohetes ni bocinas. Acá, en Temperley, ser de estos clubes es como hinchar por Turquía en un mundial”. Huergo nos demuestra que la vida también es lo que pasa en la esterilidad de lo cotidiano, contradiciendo la célebre frase de John Lennon.

Ida trata sobre la esperanza en un futuro mejor basado en la solidaridad entre las personas. Leer este libro es un antídoto a ese miedo clasemediero que se tiene a los desclasados, miedo edificado mediante una constelación de prejuicios con la que se alimentan programas como Cámaras de Seguridad o Policías en acción. A fin de cuentas el conurbano y la capital están unidos simbióticamente y los lujos de un lado producen miserias en el otro.
Esta creencia en el otro no se da sólo en el ámbito de las palabras: no es casual que Ida sea el quinto miembro del prometedor catálogo de la Editorial Parque Moebius, proyecto dirigido por Genoveva Arcaute y Jorge Goyeneche.

"Lo bueno de vivir en el Conurbano", le hace decir Huergo al narrador, "es que desde la ventana de un edificio tenés un horizonte de kilómetros, y no de metros como en las ciudades capitales".

 Publicado en No-retornable

28.5.13

La muerte de la polilla y otros ensayos
















de Virginia Woolf
(La Bestia Equilátera, 2012) 

Virginia evita los lugares comunes, la seguridad. Vivió a caballo entre los siglos, de 1882 a 1941.  En palabras de Borges su obra “está cargada de delicados hechos físicos”. Al leerla sentimos la inquietud que la mantiene siempre expectante, atenta a lo que pasa a su lado. Podemos pensar que su extrema sensibilidad la llevaba a lindar la locura –estado que en la vida de Virginia era llamado borderline. Citando a Stan Lee “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”: la locura que la ayudo a escribir esa obra única, eventualmente la llevó a colocarse su abrigo, llenar los bolsillos con piedras y  lanzarse al río cerca de su casa. Con este pensamiento colocaríamos sin querer la imagen de Virginia dentro del marco de esa fragilidad femenina enaltecida por la época victoriana, imagen con la cual ella rivalizó con toda su obra; y no hay que ignorar que tanto ella como su hermana fueron niñas abusadas sexualmente hasta entrada la adolescencia por parte de sus medios hermanos, lo que según estudios realizados tras su muerte fue lo que provocó sus crisis y posteriores períodos depresivos.           
           
Los veintiséis ensayos que conforman este volumen dan testimonio de sus pasiones. Seleccionados por su esposo Leonard luego de su muerte, la mayoría de los textos habían sido publicados en periódicos, y habían sido revisados por Virginia varias veces, aunque hay un par de excepciones “que fueron escritos a mano por ella, como de costumbre, y luego pasados a máquina sin mucho cuidado”. Uno de estos escritos es el que da título al libro, en donde relata como el ver agonizar un insecto la obliga abandonar el lápiz para envolverse en reflexiones sobre el poder de la muerte sobre la vida, sobre esa lucha desigual que se sabe perdida de antemano. “Quizás sea por eso que cuando la vida oscila y retumba, tenemos la sensación de un altar de servicio, de sacrificio, ante el cual, antes de salir, nos arrodillamos” dice en otra parte.   
¿Cómo debe dar esta pelea el ser humano? En sus lecturas de Madame de Sévigné, de Horace Walpole, de William Cole va encontrando respuestas: son los lazos fraternales lo que da sentido a lo que en conjunto ella denomina “El arte humano” y en lo que deposita las esperanzas de salvación de la civilización occidental: “cualquiera sea la ruina que arrase el mapa de Europa en los años venideros, es un consuelo pensar que todavía habrá personas capaces de quedar absortas ante el mapa de un rostro humano”. Los ensayos “Merodeo callejero”, “La anciana señora Grey”, o “Tres pinturas”, son una muestra de cómo aplicaba este arte. Como dice una poeta que conozco: “fraternizar te cura”. Virginia resalta la importancia para Walpole de “la bendición de su pequeño público” y como no pensar en lo importante para Virginia que fue la bendición de esos amigos que quedarían en la historia bajo el nombre del “Círculo de Bloomsbury”, entre los que se encontraba el propio Leonard, con quien comprarían una imprenta y fundarían la editorial Hogarth Press, que publicaría entre otros a la propia Virginia, a Katherine Mansfield, a T. S. Eliot, a Sigmund Freud. Como dice Virginia “la única manera de leer cartas es así, como con un estereoscopio. Horace es, en parte, Cole; Cole es, en parte, Horace; la cocinera de Walpole es, en parte, Cole; por consiguiente Horace Walpole es, en parte, la hermana de la cocinera de Cole”. Nadie esta nunca solo.
El texto más largo está dedicado a Henry James. Es particular el recorte que ella realiza de su obra: recupera un relato que describe los horrores de la guerra publicado en 1914, el último volumen de sus memorias y sus cartas. Esa selección rescata la figura del James público por sobre el novelista, como si quisiera decirnos que el artista no debe estar distante del ciudadano, son la misma persona: El compromiso público es imperioso. No cree en el arte por el arte. Sentencia en “Gajes del oficio”: “las palabras no son útiles”. La escritura es un lugar de conflicto: “¿Cómo podemos combinar las palabras viejas en órdenes nuevos para que puedan sobrevivir, para que puedan crear belleza, para que puedan decir la verdad?” se pregunta quien en vida fue considerada “el primer novelista de Inglaterra”. Dejándonos el siguiente consejo en “Carta a una joven poeta”:“Encontrar la relación correcta entre ese yo que conoce y el mundo de afuera”.         

El lugar de la mujer en la sociedad fue una de sus grandes preocupaciones. En “Profesiones para mujeres” retoma lo dicho en su libro “Una habitación propia”, y agrega: si bien el lugar físico es necesario, una vez conseguido es forzoso tomar consciencia del sitio que se le ha confinado a la mujer. “¿Qué es ser mujer?” es la pregunta se hace y le hace a todas las mujeres. ¿Cuál es el lugar de la mujer hoy? ¿Ha cambiado algo desde la época de Virginia? Marge Simpson al ver remodelada su cocina, exclama: “cuando Virginia Woolf dijo que todas las mujeres necesitaban una habitación propia, seguramente se estaba refiriendo a una cocina como esta”. Entendemos la ironía en la frase: ¿pero cómo entender hoy que una popular marca de cervezas contraponga como habitación de los sueños un cuarto heladera lleno de cervezas para los hombres a un vestidor repleto de zapatos para las mujeres?    


Publicado en No-retornable

Amor Ciego



de Victor Sawdon Pritchett
(La Bestia Equilátera, 2011) 


Se sabe, cada época reconstruye el relato interpersonal, la manera en que se manejan los afectos, su ética. Hoy, el amor ciego es más aquel que nos oculta los defectos de la otra persona que el enceguecido que vuelve loco al Orlando de Ariosto. ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor entonces? Pritchett pregunta donde Carver afirma, colocando sus respuestas tan lejos de la ironía pesimista de éste como del cliché rosa de las telenovelas. Su respuesta se mueve en el circuito de mistificaciones, prohibiciones y miserias que llevan a negar al deseo para perpetuar la hipocresía de las buenas maneras. Alrededor de esta hipocresía asumida con reparos íntimos, entreteje las tramas con voces que hablan de un universo amenazante aunque precario, como si en algún punto entendieran que la intimidación de las jerarquías no es tan terrible.
Victor Sawdon Pritchett,  (Gran Bretaña, 1900-1997) trabajó en su juventud en un almacén de curtidos, fue viajante comercial y ayudante de fotógrafo en París. Verdadero autodidacta, su trayectoria incluye entre otras cosas ser escritor de cuentos, novelista, crítico, biógrafo, trotamundos, consultor de Hitchcock, hacer propaganda y guiones para los aliados. Fueron sus cuentos -que comenzó a publicar en “La virgen española y otros relatos” (1930)- los que contribuyeron a su fama.
Amor ciego se publicó originalmente en 1969; un año antes los Beatles habían estrenado su película Submarino Amarillo. Con las guerras mundiales el centro del mundo se había desplazado de Londres a Washington. La inocencia se había perdido en Auschwitz.
Aparte de ser objetos estéticos, tanto Submarino Amarillo como Amor Ciego son piezas arqueológicas que reflejan lo que ocurría en esos años. Mientras en la película, la música de los Beatles batalla contra los Blue Meanies -criaturas malvadas que oprimen al planeta volviéndolo un lugar aburrido-, en sus cuentos Pritchett no cae en maniqueísmos, por lo que el monstruo invisible que intimida al personaje de “El santo” – y que bien podría ser interpretado como un pariente de los adversarios de los cuatro de Liverpool-  está ahí simplemente, y lejos de asustar más bien se internaliza en los personajes, haciéndoles dudar de su fe: “el simio que a mí solamente me seguía ya estaba dentro del señor Timberlake, comiéndole el corazón”. El sueño de la razón produce monstruos, nos dice Goya. Pritchett agrega: “la vida era un sueño, pensé; no, una pesadilla, porque el simio estaba ahí, a mi lado”. Por eso trata de mantener a la razón lúcida, despierta. Probablemente eso torna torpes a los protagonistas. Si estas historias fueran un programa cómico de TV inglés sus protagonistas serían sucédanos del conocido personaje de Mr. Bean que tratarían de disimular con indeferencia burocrática sus tanteos al vacío. En un mundo en el que los otros se mueven con la comodidad de saber que están siguiendo códigos preestablecidos los personajes de Pritchett se permiten dudar sin encontrar respuestas y continuar viviendo de manera digna. En la búsqueda de este nuevo sentido están solos y se ven obligados a esconder sus intentos ante los demás. Imaginemos un episodio de Mr Bean en que los demás son Benny Hill: los guiños de Benny no encontrarían complicidad en Mr Bean, quien los miraría con una perplejidad absoluta e hilarante.
Esta profunda fe en la razón consciente, esta visión ética del mundo, es acompañada de una prosa nutrida en descripciones, como si quisiera darnos a entender de esta manera las eventualidades de cada personaje y justificar sus procedimientos. Quizá esto provoca a sus protagonistas a esperar el desenlace de sus conflictos con calma, resignados al contexto de su existencia. No es positivismo lo que pregona. Él cree en el hombre.
Carl Schmitt plantea en El concepto de lo político que la idea de amigo/enemigo nace de la expresión de la necesidad de diferenciarse. El contraste entre nosotros/ellos establece un principio de oposición y complementariedad. Nos construimos a partir de las diferencias. Esas mismas diferencias vuelven otro al enemigo, y sirven de coartada para el exterminio, para la esclavitud.
Con su narrativa, Pritchett intenta acercarnos a la experiencia del otro como semejante: nos invita a reconocerlo en su humanidad sin particularizarlo. “Qué irreal parece la gente bajo las lámparas de sodio” dice en “La bella de Camberwell”. Hay que ver con todas las luces del día. Intenta formar en sus lectores una razón de los sentidos, una razón que no sea ciega, que no se deje obturar. Esa es su esperanza. Como le hace decir en “El regreso” a un ex combatiente: “mientras nosotros considerábamos la guerra como una desgracia que nos había ocurrido a nosotros y a los de nuestro bando, él la consideraba una desgracia que les había ocurrido a todos”. Hay que ver antes de juzgar. Es esa actitud la que lleva al narrador de  “Sentido del humor” a sentirse orgulloso de la muerte en un accidente de su contrincante en el amor de una joven. Sentirse orgulloso de la muerte de alguien es raro, ¿no? El significado de la palabra orgullo para la Real Academia es “arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que a veces es disimulable por nacer de causas nobles y virtuosas”. El personaje no está orgulloso de la muerte, está orgulloso porque tanto su contrincante, como la joven deseada, como él mismo hicieron bien las cosas.
Afortunadamente esta didáctica es acompañada en la escritura por argumentos simples, sin moralejas, de manera que la pretensión ética pase disimulada. Pritchett quiere enseñarnos a ver, no darnos anteojos. El cuento que da nombre al volumen puede resumirse en un ama de llaves que esconde una horrible marca de nacimiento y que se enamora de su jefe –un no vidente que lleva su ceguera con disimulo para mantener su dignidad-. La metáfora se teje entre la ceguera de los ojos y la ceguera de las acciones cuando el ama de llaves ve su engaño amenazado al recurrir el ciego a un curandero para devolverle la vista.
Al comenzar la lectura de cualquiera de estas historias uno queda atrapado. Barthes señalaba a propósito de la fotografía dos elementos: el studium y el punctum. El studium tiene que ver con el significado universal de una fotografía. El punctum, en cambio, es personal “puede llenar toda la foto” (....) aunque “muy a menudo sólo es una detalle”.  

Son los detalles lo que dan intensidad a estos relatos, tanto que inquietan.

 Publicado en No-retornable

9.4.13

18.10.11

Ellos hablan
cortando versos, contando
ganado. La poesía
no me encuentra. Algo duele. Huye
el amor de los libros secos.

No hay nostalgia.

Esto que está
parado acá
soy yo
menos vos.

Y la primavera
desborda de tus ojos..



9.10.11

Convocatoria Feria de Editoriales Autogestionadas 2011

La Feria de Editoriales Autogestionadas es un espacio que propone la difusión e intercambio de experiencias y producciones.


Si sos poeta, narrador, fotógrafo, artista plástico, músico, historietista, si hacés o difundís fanzines o publicaciones, si sos ilustrador o sos parte de cualquier otro emprendimiento cultural contactanos y participá.

Confirma tu presencia hasta el 28 de octubre a: noesrevista@gmail.com

1.9.11

Un día en el campo

Matías Matarazzo
Ediciones Vox, 2011
50 páginas


La palabra siempre quiere decir otra cosa. Un diccionario, lejos de fijar un uso, manifiesta lo convenido. Las convenciones están en pugna todo el tiempo. A partir del conflicto por la 125, la palabra campo explicitó una lucha de poderes políticos y económicos. Esa lucha se incrustó en la palabra, y ya no se puede leer de la misma manera –por ejemplo- Campo nuestro de Oliverio Girondo o Los trabajos y los días de Hesíodo.
Matarazzo es un poeta civil. Lejos de hacer panfleto este poemario indaga la palabra campo mientras relata dos viajes: una excursión por campos de Sierra de la Ventana y un asado en un campo de Hilario Ascasubi. En la diferencia entre estos campos está la tensión fundamental del libro. Desde las sierras los campos “se ven como rectángulos/ de distintos colores: según su siembra, / según en que etapa del ciclo productivo/ se encuentran, según la habilidad/ de los que trabajaron la tierra”. Esta distancia con lo rural le sirve para relatar los diferentes empleos dados en nuestros pagos al concepto campo poética y políticamente, acertando al poner en primer plano a la opción vernácula del juego de mesa Monopoly, el Estanciero : mientras en aquel el éxito pasaba por ser el mayor capital inmobiliario urbano en este pasa por ser el más grande terrateniente de fincas rurales.
A Matías la cabeza le hace ruido, le produce monstruos. Escribe como respuesta a lo que vive. Escribir es su trabajo “una tarea que cumple la gente” como dice Urondo. Conciente como es de la no excepcionalidad de su tarea, en la segunda parte confiesa que en el asado “Me da vergüenza preguntarles qué piensan ellos del conflicto entre el gobierno y las patronales agrarias”. Ese prurito lo lleva a decir ante unas florcitas blancas que caen sobre la mesa “Parece una de esas películas chinas ¿no?” “A mi me está hinchando bastante las pelotas”

Matías Matarazzo nació en Bahía Blanca en 1984. Estudia Letras en la U.N.S. Este es su primer libro. Lleva adelante el blog: http://riarevuelta.blogspot.com/

16.5.11

Natalia Canova reseñó "Escalones" para "Corriente imperfecta, comunidad de música y arte". Muchas gracias!

Acá está el posteo original: http://corrienteimperfecta.com.ar/?p=678

Escalones, de Gerónimo Unibaso: invitación a un descenso hacia uno mismo o ascenso a algo más

Respirar, contemplar, caminar. Gerónimo Unibaso hace de sus acciones un poema, no sólo en lo que respecta a escribirlas sino a vivirlas como tales. Una vivencia que es personal pero también compartida, conjunción que es difícil de lograr. Pero su amor se cuela, si quiere o no que suceda no es importante, lo que importa es que ese amor está en todo lo que escribe y hace.

Y el hacer se desarrolla en el tiempo y el yo poético de Gero lo percibe y lo manifiesta. La poesía se hace eco del paso del tiempo, la imposibilidad de ser siempre el mismo, de hallarse en eso que uno se encontró en un tiempo pasado. El paso del tiempo tanto puede curar como hacer que las heridas sean cada vez más profundas.

Escalones se despoja de las jerarquías. Escribe sobre próceres pero también sobre las hojas que caen del árbol, la cotidianeidad, las pequeñas vivencias. Los personajes y las fuentes son variados, pero siguen rompiendo con lo alto y lo bajo: Humpty Dumpty, Demóstenes, el yo poético, Lady Gaga, Golem, She & Him, The Beatles, etc. Es consciente de que toda poesía está atravesada por su percepción: “(…)El/ pretexto bien podría ser el arroyo, / pero yo seguiría en el poema(…)”. Entonces se puede pensar que Unibaso no quiere ser intelectual ni popular, quiere estar en el medio, en el entramado de distintas percepciones que den una idea más abarcativa de un mundo lleno de entrecruzamientos. Se posiciona como hombre, sí, es consciente de su posicionamiento, sí, sin embargo, no es una toma de posición rígida sino que se irá adaptando a las distintos escalones que puedan irse encontrando. Toma de otros autores lo que ve en su propia poética, y lo reconfigura tal como a él le sirve.

Asciende en los escalones, o desciende, escalones que son pasado y presente conjugados, la tradición, su propia experiencia, el medio circundante. Es también futuro, proyectos y proyecciones. Todo esto para ir explorando según el momento, el lugar, la perspectiva en esa escalera que somos todos los seres humanos.

Título: Escalones

Autor: Gerónimo Unibaso

Género: Poesía

Editorial: Colectivo Semilla

Páginas: 90

Año: 2010

Publicado por:
Natalia Canova

27.3.11

Gustavo López reseñó "Escalones", en "Lugar de olvido". Muchas gracias!

Acá está el posteo original: http://lugardeolvido.blogspot.com/2011/02/pienso.html

Pienso. Él acostado en el pasto, esperando las palabras con las que armará un libro que llamará Escalones. Esas palabras quieren ser poesía, y ascenderán para, finalmente, caer, y cubrir a Lori en el mismo pasto y a su lado.


El río, la costa y el pasto son de la localidad, cuyo nombre consiste en bahía determinado por blanca. El apelativo se ubica a distintas alturas del libro con minúscula, entre paréntesis o con mayúscula; el adjetivo con negrita y como título, porque tiene poca importancia, así como es hoy irrelevante que Ulrico Schmidel haya dicho que llamaron Buenos Aires a mi ciudad, a causa de lo saludables que eran los aires que aquí corrían... El nombre de la localidad sube con cortinas de ceniza, costas contaminadas, un «gloria fantasma» y el fantasma ahogado de Solange de las Nieves, en una historia de picket fences o vecinos.
Las palabras ascenderán entre arroyos abandonados, piedras en la boca, temor hacia el destino, la diapositiva de dos jóvenes y una bebé en brazos, la cual va a morir en Bariloche, solamente cuatro días antes que.

[…] Las ideas me aparecen
cuando vos no estás y después las
olvido. En el momento preciso
quedo callado.


Ella se asusta porque él no sabe nadar, pero él tiene proyectado un futuro que amasará con mierda, paja y barro.

[…] Nuestros hijos nacerán
no del amor
sino del goce natural
en la cama junto a la mesa

[…]

En letra chica, la tapa declara «amo subir». La contratapa abraza —también en letra chica— con palabras de enamorado el principio reconstructivo y ascendente del libro: «yo estoy con vos».
El primer escalón era para Lori y hablaba de hojas, pero que no resultaban ser las hojas de un libro. Sin embargo, traerían a mi imaginación las páginas de papel, en cuyos meandros de fabricación industrial, un poco más adelante, o unos escalones más arriba, se habría de meter el propio libro. Aquel escalón primero tenía un «antes», cuando Lori invitó a esperar, recostados en el pasto, «que caiga una hoja cualquiera», y un «ahora», el instante en que las hojas esperadas cubrieron a Lori.
Una última observación, pienso que la poesía de Gerónimo Unibaso, habrá subido lenta y «como pidiendo permiso», pero al caer debió de colmar de alegría a la destinataria.