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27.5.10
























Texto e imagen para el fanzine "Dibujame una prostituta" de 400 Travestis Anarquistas, que se presenta el viernes 28 de mayo a las 20hs en Casa Escópica, Viamonte 260.

3.3.10

Colectivos





Levantarse temprano, ir hasta la parada con tiempo, esperar a que pase. Desear tener suerte y no tener que esperar tanto. Ver la estela roja pasar antes que lleguemos, correr sin alcanzar nada, resignarse a esperar. En la espera pensar temiendo que el horario haya cambiado, que el recorrido haya cambiado sin que nos enteremos. Temer llegar tarde al trabajo, a la escuela, a la oficina donde tenemos que hacer un trámite. Sentir que el tiempo se nos escapa, que ya no nos pertenece nunca más. Contracturarse el cuello de estirarlo tanto para ver si esa otra mancha roja que viene en dirección nuestra es o no para, si no lo es no es volver a otear el camino en busca de otra manchita, y si lo es estirar los ojos tanto que nos volvamos chinos tratando de entender los números que están demasiado lejos para darnos esperanza. Saber que la parada ya no es refugio, y que aunque pasemos mucho tiempo en ella no nos podremos esconder del sol, la lluvia o el frío. Que por más que el tiempo nos castigue tenemos que quedarnos ahí, porque no podemos ir en otra cosa, no tenemos auto y no nos alcanza para el taxi. Recordar que una vez tuvimos moto que nos robaron, y que no quisimos recuperar porque de tanto operativo que busca motochorros con la moto tardábamos más que de esta manera. Añorar la época en que de niños conocíamos al chofer, que siempre era el mismo, como los horarios, como su coche, que aunque era viejo uno se había acostumbrado y no aspiraba a más. Darse cuenta que con lo nuevo uno no sabe que esperar, que el brillo, la primicia algo esconden siempre, algo que nunca se termina de entender. Que lo nuevo nos doma hasta doblarnos el lomo. Que la costumbre es eso no más. Que ahora mismo uno tiene ganas de rebelarse porque imagina que las cosas tendrían que ser de otra manera olvidando que no hay que imaginar nada, que hay que aceptar los que es sin buscar otra cosa. Olvidar todo lo que se piensa porque ahora si lo rojo que se acerca es lo que esperamos. Sentir una pequeña alegría, un tímido orgasmo al subirse para después agarrarse al barral y agachar la cabeza.

28.2.08


Desamparado el dedal esperaba sueños didácticos que lo sacudan de la imperiosa duda que lo invadía en ese momento. Quizás pedía demasiado, pero así es la vida de éstos célebres instrumentos. Esperar la tarde completa sin dejar ni un espacio siquiera para que el cansancio se instale: el instrumento realizando certeras danzas al solo efecto de asediar la esperanza. Ningún daño en su haber, todas las cicatrices de su cuerpo son ya de fábrica. Semejar la figura de su vida a la de un caracol en el jardín que en busca de cálidas hojas verdes amables por allí hurgue con todo el ardor que pone un buen detective en la elucidación del enigma. El espíritu afiebrado, el cuerpo no resistiendo apenas la intriga, él sólo un temblor de hojas sacudiéndose al viento. Disfrazar su miedo como un niño en su cuna para averiguar lo inaveriguable. Y siempre siempre el latido a flor de boca, como si tuviera un hambre tremenda y ya se estuviera acercando cansino a la cocina que se asombrosamente se encontraba perfectamente asoleada en la tarde de otoño.

14.2.08



El cuchillo se introduce con precisión en la espesura de una gelatina azul separándola en cuerpos deformes y temblantes. Cae luz sobre los trozos que están en la madera vieja y podrida que se encuentra junto a la pared húmeda haciendo que la misma brille con la fuerza del musgo apenas joven que hay en su superficie. El sentimiento nada mas es posible expresarlo en su límite, una burbuja flotando en el espacio sola que contiene en su interior difusa la señal de una esperanza a punto de morir. Lo cual podría llegar a tener (según la astucia puesta en la elaboración del relato) su significante o referente en la gelatina partida del cuarto musgoso; diríase que en algún lugar de todo lo descrito en las primeras líneas repito o reproduzco de alguna manera la imagen de la burbuja que flota en el espacio. Algo así como alguien en un concurso de alfombras persas o de gatos bengalíes que en el punto opaco de su transcurso dice o hace decir al locutor del evento que en cierto lugar hay o puede haber un talismán que convierta las penas o renazca el dolor. Que vale decir que el cuchillo cortagelatinas es un nuevo lugar de las costumbres literarias