28.9.10

24.9.10

La Luna


Stella Cinzone
Emece Cruz del Sur, 2004
230 páginas

Por Gerónimo Unibaso

La memoria es juguetona, nunca se detiene donde queremos: va y viene a su antojo. Stella lo sabe y en lugar de forzar los recuerdos en la narración, les sigue los caprichos y toda "La Luna" es entonces una extraña remembranza. Construida alrededor de una trama familiar, los condimentos están más en la delicadeza de la manera en que se cuenta que en la historia misma. Una delicadeza proustiana, de modo que los hechos que podrían describir a muchas familias argentinas -abuelos inmigrantes a principios del siglo XX que trabajan en el campo, la generación de mitad de siglo que trabaja en el ferrocarril, abandona el campo y se muda a la ciudad para mejorar o los que se quedan en el campo- se vuelven especiales, se transfiguran volviéndose mito.
Un libro para leer tranqui, tomandole el gusto a cada frase. Les dejo una muestra:
En la tarde apenas comenzada, a la hora de la siesta, la niña se estira sobre el pastito de la vereda bajo las tipas. Arriba, los árboles enredan sus ramas formando un techo verde y amarillo.
-Mirá cómo te revolcás. Si yo hago eso mi mamá me mata.
-¿Sabés que me gustaría ser?
-Ya me lo dijiste, astronauta.
-No. Te quiero decir ahora, en este momento.
-¿Qué?
-Chicharra. Así vivo cantando y nadie me ve.



Dice la solapa que Stella nació en Santa Fe en 1955. Radicada en Buenos Aires desde 1976, es psicoanalista, profesora e investigadora de la Universidad de Buenos Aires. "La Luna" es la primera novela que publica.

6.9.10

Investigaciones en masa.



Gustavo López Ibarra
Mono de Piedra, 2010.
208 páginas
Conseguilo acá o acá.

Por Gerónimo Unibaso


Cuando Artie Ziff termina de leer la novela de Jonathan Franzen, Lisa dice "Oh, gracias por leerme Las Correcciones. Me hace sentir mejor acerca de mi propia familia". Algo parecido pasa al terminar de leer la novela de Gustavo. Junto a la descripción del Gaki-zöshi, rollo narrativo japonés del siglo XII, se va construyendo el relato familiar del narrador. El desgarro une las tramas, por un lado la pérdida del texto del Gaki-zöshi impide saber cuál era la historia de esos gakis* dibujados, por el otro los recuerdos familiares -parafraseando a Goya- "producen monstruos". Monstruos que van minando la escritura, la novela se va volviendo autoreferencial, la urdimbre de las tramas se tensa hasta casi romperse, todo se enrarece, uno se pierde en un encierro de las ideas para que de pronto, a la vuelta de un pasillo, todo se unifique en un gran giro de la historia.
Dice Borges en uno de los epígrafes de la novela: "Las investigaciones en masa producen objetos contradictorios". Éste es uno de ellos.

* Los gakis o fantasmas hambrientos son en la Mitología Japonesa seres que sufren continuamente hambre y sed ya que cualquier alimento que haya ante ellos desaparecerá entre llamas. Infelices y demacrados, tienen el vientre hinchado y la boca muy ancha, como simbolo del hambre y la sed nunca saciada.